lunes, 19 de febrero de 2018

La raíz de la necesidad de aprobación


AUTOESTIMA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS.


La necesidad de aprobación se resume en el miedo a quedarse sólo/a, a perder o a no conseguir algo.

No es una necesidad real, es un deseo.

Piensa qué perderías realmente por no agradar a todos/as los que deseas, o si al precisamente querer agradar, estás causándote un malestar y frustración, ya que es imposible hacerlo, mayor aún que el que sentirías en el peor escenario de desaprobación que te puedas imaginar.

Una vez, comprendido esto, veamos algunas pautas:

  1. No juzgar ni a ti mismo ni a la situación ni a los demás.


  1. Cambiar los pensamientos sobre lo que te genera enfado. Elige ¿Felicidad o justicia?


  1. Valorar lo positivo del resto de personas. Darnos cuenta que no estamos ante un entorno hostil, que puntualmente pasan cosas desagradables, pero no podemos estar sólo abiertos/as a percibir lo negativo, porque entonces nosotros/as mismos/as estaremos creando ese entorno hostil. Busca pruebas en contra de que no estás en un entorno hostil.


  1. Empatizar, gratitud.


  1. Comunicación asertiva, aprender a decir no, tener habilidades sociales.


  1. Utiliza la técnica del disco rayado para comprobar que las consecuencias no son tan graves cuando dices lo que deseas. Busca entornos de desaprobación. La conducta repetida, modificará tus pensamientos.
Evita manipulaciones, dando las gracias sin más y pasando a otro tema sin dar más explicaciones, para no darle poder sobre tu conducta. No tienes nada que demostrar.

  1. Nada es más importante de como tú te sientas. A los demás no les importa tanto tus “errores” como tú crees.



  1. Pregúntate si estás leyendo el pensamiento. Es una distorsión cognitiva y lo que crees que otros opinan  de ti,  a menudo, no se corresponde con la realidad.


  1. Piensa en pruebas de que a otros no les importa tanto el qué dirán y actúan movidos por su escala de valores.

  1. No les influye tu opinión hasta el punto de cambiar su conducta o costumbres.


  1. Si otros se equivocan, tú no cambias tu percepción de estos por un error o situación concreta.


  1. Lo que los demás conocen de ti es una pequeña porción de  tu personalidad, lo que muestras en una situación determinada, en un ámbito o en un momento.

Es sólo una cara del prisma: piensa en tus cualidades y traspásalas a situaciones donde sientas más inseguridad.


  1. El error no te quita valor como persona, es algo circunstancial.


  1. No visualices a nadie superior a ti.


       Todas las personas tienen miedos,         limitaciones.


  1. Las personas consideradas como líderes son aquellas que precisamente actúan en función de sus principios, aquellos que paradójicamente no buscan la aprobación externa.


  1. Eres lo que proyectas, si proyectas búsqueda de aprobación, te muestras inseguro (aunque no pasa nada por mostrar inseguridad).

  1. No te etiquetes.


  1. Cuando consigues un éxito, no lo celebras (incluso lo achacas a factores externos), aunque hayas estado preocupándote por ello y viéndolo como un reto difícil de superar.

También le das más importancia a los éxitos de los demás y te visualizas incapaz de conseguir lo que otros hacen (Cuando pueden ser incluso cosas menos importantes que lo que haces tú). Todo se ve como un mundo hasta que no se empieza a caminar.


  1. Tampoco tienes por qué ser capaz de hacer todo, o estar siempre al 100%.

  1. El miedo al qué dirán, que esconde el miedo a quedarse sólo/a, a la pérdida o a no conseguir un objetivo, hace que evites paradójicamente situaciones y te alejes de las relaciones de los demás (aquellas que sin miedo desearías vivirlas).

  1. Reconoce cuándo hay un sesgo atencional, es decir, cuándo tendemos a buscar pruebas en nuestras experiencias para confirmar la teoría de nuestro autoconcepto negativo, exagerando, generalizando, personificando y catastrofizando  algunas situaciones concretas que teniendo un autoconcepto más ajustado, pasaríamos por alto, sin dar mayor importancia.

  1. Lo que otros piensen de ti nada tiene que ver contigo, es su percepción no la realidad, y como hemos visto, la mayoría de veces, queremos leer el pensamiento del resto con respecto a lo que opinan.

  1. Puede que te hayas sentido dañado en el pasado o no reforzado debidamente en tu infancia, cuando asumimos sin cuestionar todo los mensajes del entorno acerca de nuestra personalidad, a menudo magnificándolos, personificando errores, etiquetándonos en base a una circunstancia, culpabilizándonos...  creando un autoconcepto negativo de ti mismo/a, pero eso nada tiene que ver con el presente como adulto. Ahora no lo necesitas, y tienes pruebas en contra de que ese autoconcepto negativo no se se ajusta a la realidad.

  1. En la adolescencia puede que también hayas asumido críticas como propias y que ese autoconcepto negativo se haya seguido reforzando. Es un periodo donde necesitamos la aprobación de nuestros iguales, y aún no tenemos recursos asertivos suficientes como para saber qué debemos captar como un aprendizaje y qué debemos rechazar, ignorar, minimizar o relativizar, comprendiendo que la no aceptación del resto, o de algún integrante del grupo, reforzado por algunos miembros, tiene más que ver con su propio ego, inseguridad y miedos, propios de esa etapa también, que contigo mismo/a.
Y esas personas que te dañaron entonces, no tienen nada que ver con las que te rodean en el presente.

En resumen, es necesario apostar por más educación emocional, en todas las etapas de la vida, pero especialmente en la infancia y la adolescencia.

1 comentario:

  1. Hola Milagros. Enhorabuena por el blog, gran trabajo! Nos sirve de gran ayuda tener recopilado aquí todo este material. Yo estoy preparando las oposiciones de profesora de FP y me encuentro actualmente desarrollando la programación del ciclo Integración Social,así que imagínate lo bien que me viene echarle un ojito a tu blog de vez en cuando!!! Muchas gracias!!

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