miércoles, 30 de marzo de 2016

Rasgos problemáticos de las familias.

Existen muchos tipos de familias en función de su composición (monoparental, extensa, monofilial, reconstituida, homoparental, numerosas etc... ) y su estilo educativo: autoritario, permisivo, asertivo.

Familias que, además de las dinámicas de relación que se establecen entre sus miembros, por la historia personal de cada uno o características físicas y psicológicas, se ven influidas por el entorno social y cultural en el que se desenvuelven (el barrio donde viven, la escuela a la que van los menores, los recursos públicos de la ciudad, los agentes sociales más cercanos...)

PROYECTAR

Proyectar en los menores los deseos, e inconscientemente también los miedos e inseguridades, intentando a toda costa que vivan la vida que quieren los adultos.

Esto puede ocasionar el efecto contrario, primero por la presión que siente el menor para no defraudar, y por sentir que vive una situación que no desea, que han decidido por él o ella.

Y segundo, porque pueden tener el sentimiento de culpa por poder vivir una situación que sus progenitores no pudieron. Esto hace que sientan que no tienen el derecho de sentirse felices en ese aspecto.

ETIQUETAR

Con las palabras y las acciones. Si el adulto trata al menor o le dice con frecuencia que es de una forma determinada, creerá que es realidad y su conducta se adaptará a esa creencia, aunque no sea cierta, o no al menos en términos absolutos.

Por otra parte, si tus palabras dicen algo positivo y tus acciones lo contrario, siempre pesará más lo segundo.

SOBREPROTEGER

Es el elemento para crear personalidades o bien inseguras o bien tiranas. Hay que dejar espacio para que se forje libremente la identidad de cada miembro.

Este modelo de crianza perjudica su capacidad de aprendizaje por descubrimiento, y les deja la estela del amor mal entendido.

El estilo educativo asertivo es el ideal para convivir en un ambiente de respeto y libertad, creando entornos seguros, y personas con autoestima ajustada y capacidad para desenvolverse con autonomía, reduciendo al mínimo el riesgo de que se presente una disfuncionalidad en el núcleo familiar.









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